| ENTREVISTA
A EMILIO CANALEJO OLMEDA
A
partir del curso 1993-94 el I.F.P. de Montilla, por expreso deseo
de todos los que en él trabajamos, se va a denominar I.F.P.
Emilio Canalejo Olmeda. Este nombre no pertenece a un personaje
histórico ni a un destacado artista o escritor, ni siquiera
a un político. Emilio Canalejo es nada más -y nada
menos- que un eficiente profesor que hace veinticinco años
puso en marcha la denominada entonces Escuela de Aprendizaje Industrial,
germen del actual Instituto de F.P. Como él mismo nos ha
contado, desde su cargo de director fue haciendo realidad -en
medio de grandes dificultades- un proyecto lleno de ilusión.
En 1985 dejó la dirección para dedicarse exclusivamente
a sus clases de tecnología del automóvil hasta este
año en el que, coincidiendo con el 25 aniversario, le llega
la jubilación. Con él se va del centro un buen profesional
que además ha sabido ganarse el aprecio de sus alumnos.
Los que conocemos a Emilio desde hace años valoramos en
él, fundamentalmente, su sencillez, su gran profesionalidad
y sobre todo su delicadeza con los demás, especialmente
en los muchos años que ocupó la dirección.
Contestando a nuestras preguntas Emilio nos
cuenta su experiencia.
- Emilio, ¿por qué
te eligieron, precisamente a ti para organizar la Escuela de Formación
Profesional?
-La Escuela de F.P. se debe -como tantas
cosas- a don Rafael Cabello de Alba. En aquel tiempo era Alcalde
de Montilla don Mónico Pérez Olivares y Teniente
de Alcalde don Miguel Martínez Moreno y ellos me conocían
muy bien. Yo, aunque trabajaba entonces para una empresa cordobesa
(Avila con distribución Bosch), durante las vacaciones
realizaba, a efectos municipales, la revisión de industrias.
- ¿Cuándo comenzaste
a organizar la Escuela?
- En 1968, en junio, me llegó el nombramiento
de profesor interino y de director y ya empecé a organizar.
En aquel tiempo el director era el que tenía que buscar,
con arreglo a la plantilla, personal de oficina, limpiadoras y
profesores en prácticas para organizar los talleres.
Yo propuse entonces, para hacerse cargo de la oficina, a Antonio
Repiso como administrativo y a Nati Marqués como auxiliar.
Como Maestro de Taller me pareció bien Ángel del
Pino, que desgraciadamente ya ha muerto. Como portero se nombró
a Pepe Veredas. Luego vinieron también las mujeres de la
limpieza y así empezamos...
- ¿Tú elegías
siempre a los que iban a trabajar en la Escuela?
- Yo sólo hacía una propuesta,
pero siempre venía aceptada porque estimaban que el personal
seleccionado era el idóneo.
- ¿Cuándo empezó
a funcionar aquella Escuela?
- El curso empezó en octubre de ese
mismo año, 1968, con 57 alumnos y las especialidades de
Mecánica; en la rama de Metal con torno y ajuste y en la
rama de Electricidad, instalador montador.
- Esos 57 alumnos terminaron todos?
- Sí, entonces era diferente a ahora.
En aquella época lo que había era Oficialía
que eran tres años. En cada año tenían bastantes
prácticas de talleres, creo recordar que eran quince horas
en primero, dieciocho en segundo y veintiuna en tercero.
Como tenían bastantes prácticas salían
bien preparados y casi todos encontraban trabajo en su especialidad.
Entonces salían mejor preparados, diríamos profesionalmente,
aunque hay que reconocer que no salían con el bagaje cultural
que adquieren ahora nuestros alumnos, que quizá sea más
importante, porque lo otro lo pueden asimilar en cualquier momento.
La base cultural es más difícil de alcanzar ¿no?
Esto lo vemos, por ejemplo, en los que vienen de Bachiller, que
consiguen mejores notas, incluso en las asignaturas específicas,
que los que tienen menos preparación.
La educación integral que se pretende
dar ahora a nuestros alumnos ha servido a muchos para prepararse
unas oposiciones, a falta de puestos de trabajo en su propia especialidad.
Hay muchísimos alumnos que han logrado una plaza en Correos,
en la Guardia Civil, en Ayuntamientos, Bancos, Policía
Municipal... e incluso han pasado a la Universidad. La educación
integral que han recibido les ha servido mucho, no solamente para
aprender su especialidad, también les ha permitido asimilar
rápidamente su nueva profesión.
- ¿Cuáles fueron los
problemas más importantes que tuviste en un principio?
- Los problemas fueron muchísimos
pero yo destacaría por ejemplo que no estaban montadas
las líneas eléctricas de fuerza, que el dinero tardaba
mucho en llegar y había que entramparse... También
hubo dificultades para buscar el personal adecuado ya
que los sueldos eran pequeños y se tardaba mucho en cobrarlos,
al principio hasta un año. Además en aquel tiempo
no sólo se cobraba muy poco y tarde, por falta de tiempo
había que trabajar incluso los domingos en la cuestión
administrativa y se daba también clase los sábados
por la mañana y por la tarde. Pero todo el personal
colaboraba desinteresadamente, tanto los profesores como los administrativos
y conserjes.
- ¿ Cómo podíais
vivir sin cobrar durante un año?
- Normalmente los que trabajábamos
en la Escuela compartíamos aquel trabajo con otro. Por
ejemplo, la Lengua y la Historia la daban Maestros nacionales
o profesores de Instituto de Bachillerato. En un principio yo
mismo compaginaba mi trabajo de Córdoba con las clases.
Pero en aquel tiempo los que trabajábamos en la Escuela
lo hacíamos más que por dinero, por ilusión.
Era algo nuevo.
Formábamos a muchachos que iban a
entrar en la industria y aquello nos atraía muchísimo.
Prueba de ello es la cantidad de campeones provinciales que salieron
en aquellos años. La Universidad laboral organizaba unos
campeonatos de Electricidad y Metal y raro era el año que
no salían de nuestro centro los campeones. Algunos
se han establecido bien y tienen su propia industria.
En aquellos primeros años los alumnos
hacían unos trabajos bastante buenos. El Ministro
de Educación Villar Palasí, en un viaje que hizo
a Montilla, visitó nuestro centro con el Gobernador de
Córdoba y quedó maravillado de los trabajos que
habían realizado nuestros alumnos.
- ¿Qué se hacía
con aquellas piezas?
-Nosotros las teníamos en exposición
en unas vitrinas que nos regaló el Padre Fernández.
- ¿Por qué fases ha
pasado este Centro?
- Al principio se denominó Escuela
de Aprendizaje Industrial, luego se cambió el nombre a
Centro de Formación Profesional de primero y segundo
grado y, por último, Instituto de F.P. aunque para mí
siempre será "la Escuela" y para muchos "la
Laboral" por la similitud que había con la Universidad
laboral de Córdoba.
- En todas esas dificultades de las
que me has hablado, ¿encontraste apoyo en alguien?
- Yo encontré muchísimo apoyo
tanto en Madrid -donde todo el mundo me daba ánimos- como
aquí en Montilla. En el ayuntamiento, en empresas privadas
como Alvear, Montulia... que siempre tenían las puertas
abiertas para nosotros. En general todos nos ayudaban. En Córdoba
por ejemplo muchas empresas nos daban material de primera calidad
o nos vendían con grandes descuentos y a largo plazo.
- ¿Qué ramas han tenido
más dificultades?
- Dificultades económicas todas.
- ¿Qué pasó
con Metal?
- Al principio no tuvo dificultades específicas.
Luego, al empezar la rama de Automoción la gente se volcaba
más con ella. Además Metal se quedó obsoleto,
los tornos se quedaron antiguos..., pero esto no ha pasado
sólo en Montilla, ha pasado o está pasando en toda
España.
- Mientras tú estuviste en
la dirección ¿se pidieron al Ministerio algunas
especialidades que no concedieran?
- Sí, muchas. Por ejemplo queríamos
haber traído Electrónica, pero entonces-así
nos lo dijeron y hemos comprobado que ha ido ocurriendo en otros
sitios- tenía que haberse suprimido la rama de Electricidad.
Si esto hubiera ocurrido hubiésemos tenido muchas
dificultades porque el material era muy caro. Nosotros pensamos
entonces que más valía ser un buen electricista
que un mal electrónico. Otra rama que también
pedimos fue la agraria en primer grado, que la denegaron porque
no disponíamos de los terrenos y la maquinaria necesarios
para impartirla, además la estaban dando muchos centros
de Extensión Agraria que dependían docentemente
de nosotros.
Para sustituir a Metal solicitamos Construcciones
Metálicas pero tampoco la concedieron. Otras ramas que
pedimos fueron la Sanitaria, que nos negaron por carecer de un
hospital para hacer prácticas, e Informática de
gestión que tampoco concedieron.
- En el actual Instituto, ¿qué
hay mejor o peor que en la Escuela de los primeros años?
- Ahora hay más personal y anque nuestro
Instituto es de los centros con más compañerismo
que conozco, antes era todavía más familiar ya que
al principio estábamos sólo nueve o diez. Los alumnos
entonces también tenían otra actitud y en los primeros
años apenas hubo gastos de mantenimiento, eran muy
respetuosos con el material y las instalaciones. Aunque hay que
tener en cuenta que en aquellos primeros años había
muchísimos menos alumnos que ahora. Por otro lado, el alumno
que venía a Formación Profesional lo hacía
porque le gustaba, ahora hay muchos que vienen porque no tienen
trabajo o los han obligado los padres. En aquellos años
había también un curso de preaprendizaje para entrar
en Oficialía. Estos cursos eran más "malillos"
pero al que no le gustaba lo que aquí se hacía,
se iba.
- ¿El profesorado estaba antes
más unido que ahora?
- No es que ahora estemos mal, ya te he dicho
antes que nuestro centro es de los que menos problemas tiene en
este sentido, pero antes convivíamos más horas y
estábamos menos. Había horario de mañana,
tarde y noche y teníamos más contacto. Actualmente,
como tenemos jornada intensiva, el horario es más apretado
y no tenemos tantas horas libres como antes. Algunos profesores
casi no nos vemos.
- El Centro de Montilla de dónde
dependía?
- En un principio dependía directamente
de Madrid, luego de una Junta económica formada por cargos
políticos, más tarde de un coordinador de Sevilla,
don Antonio Balón y, posteriormente, de un coordinador
de Córdoba, don Florencio Pintado.
- ¿ Qué te parece que
tus compañeros hallamos decidido poner tu nombre al Instituto?
- Yo, de verdad, creo que no me lo merezco.
- ¿Pero te gusta?
- Por supuesto, es una satisfacción
enorme para mí porque me demuestra el afecto que me tienen
todos.
Antes de terminar quiero expresar mi agradecimiento
a todos los que colaboraron conmigo en el inicio de la Escuela,
sin los cuales no hubiera sido posible el funcionamiento de la
misma. Tengo un recuerdo especial para Ángel del Pino y
Antonio Arrabal, ya fallecidos, que fueron de mis primeros colaboradores.
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