|
||||||||
EL UNIVERSO DEL BAROJISMO “Acababan de dar las doce, de una manera pausada, acompasada y respetable, en el reloj del pasillo. Era costumbre de aquel viejo reloj, alto y de caja estrecha, adelantar y retrasar a su gusto y antojo la uniforme y monótona serie de las horas que va rodeando nuestra vida, hasta envolverla y dejarla, como a un niño en la cuna, en el obscuro seno del tiempo”. |
||||||||
De esta manera comienza “La busca”, uno de los libros más celebrados de Don Pío Baroja y Nessi. Y es que, en el cincuentenario de la muerte del artista vasco, el tiempo cobra un matiz especial, como instrumento devorador de entidades, pero también como puente recobrador de memoria y aparato para evocar figuras loables. Pero Baroja no es sólo un personaje, es un mundo, un universo, que va más allá de meras corrientes y flujos de pensamiento a los que, el gran recuperador de Urtzi Thor y el alma de los mitos vascos, recelaba de adscribirse. |
![]() |
|||||||
Momento es de honrar el personaje y su círculo intelectual, tan incomprendido como admirado en su tiempo, frío e impulsivo a la vez, calculador e impetuoso, Silvestre Paradox y Manuel Alcázar, bohemia y hampa, tan cerca y tan lejos, en su Madrid y en su tierra de marinos, en Itzea y en la panadería de la calle Mendizábal.
|
||||||||
![]() |
Después de medio siglo sin el ilustre hombre de mirada perdida, nos quedas sus personajes, que se materializan de nuevo y cobran más fuerza que nunca, y son reencarnaciones del insigne Don Pío. Muy probablemente hubiéramos estado hablando de Baroja con anterioridad, de no ser por aquel requeté comprensivo y amante de la obra del vasco, que fue clemente al no disparar su fusil después de oír el grito de “¡Viva la República!” que profirió el maestro mientras el soldado carlista lo encañonaba. Así era el de San Sebastián, frío e impulsivo, rebelde e inconformista. |
Es digna de mención la estirpe de hombres ilustres que componían el linaje de los Baroja. Personajes como Ricardo Baroja, Julio Caro Baroja y Pío Caro Baroja, contribuyeron a perpetuar el blasón de una de las familias más influyentes en el campo de la cultura española del siglo XX. Hace 50 años, a principios de verano del año 1956, una caída lo imposibilita y empieza a mitigar el fulgor del pensamiento del ilustre Baroja. Grandes personajes del mundo de la literatura gozaron de la oportunidad de despedir al creador de una de las obras más ingentes de la literatura en nuestro país, pudiendo citarse nombres de la talla de Ernest Hemingway o Camilo José Cela, que incluso pudo llevar su ataúd a hombros hasta el cementerio civil de la ciudad de Madrid, donde fue enterrado con todos los honores. ¡Fatídico día el 30 de octubre del año 1956, en el que se fue uno de los más admirables exponentes de nuestras letras! |
![]() |